Mi Buenos Aires Querido

Antes de cruzar el charco, tenía claro que uno de los principales objetivos de venir a Sudamérica era conocer lo máximo posible en el tiempo que estuviera por aquí. Así que, tras los primeros meses en Lima, llegaba el momento de traspasar fronteras y poner rumbo al primer gran viaje del año. ¿El destino? Argentina, concretamente, Iguazú y Buenos Aires. Por raro que pueda parecer, tenía muchas más ganas de conocer Buenos Aires, quizás porque Iguazú sabía lo que era pero de la capital no sabía qué podía esperar. Qué equivocada estaba…

Nada más aterrizar en Buenos Aires y dirigirme al centro de la ciudad empecé a notar las diferencias tan enormes que me iba a encontrar en comparación con la que es mi casa este año. Empezó con grandes autopistas, la mayoría de coches relativamente modernos y, sobre todo, una conducción normal. A pesar de cruzar zonas peligrosas (que incluso el gps iba anunciando), me vino la sensación de estar en una ciudad de verdad, con sus avenidas, sus edificios altos, sus tiendas, sus bares…como Madrid. Y es que como me dijo el taxista, Buenos Aires me recordaría mucho a mi ciudad natal. Y tanto!

Había que exprimir el tiempo al máximo así que en el primer paseo porteño me moví por Recoleta: parque de las Heras, Santa Fe, plaza Italia, avenida Libertador, avenida Alcorta y cementerio de Recoleta. En 8 kilómetros vi desde paseadores profesionales de perros (pero no uno ni dos…me sé de alguna que estaría IMG_20140416_104215274encantada con este trabajo!), el jardín japonés
(en serio esto está en medio de la ciudad?!), una zona que bien podría ser uno de los barrios mas adinerados de Londres o la facultad de Derecho, que ríete tú de ella. Qué mejor manera de culminar el paseo que probando la típica milanesa…y tengo que decirlo, tuve miedo de tener que tragarme mis palabras sobre la cocina argentina.

Y en esas estaba, con Buenos Aires recién abriéndome la boca de asombro, cuando tomé el avión en dirección norte. Una pena llegar de noche a Iguazú, pero quizás así la sorpresa al día siguiente fue mayor. Levantarse al día siguiente a las 7am fue duro pero vaya que si mereció la pena.  Y a pesar de estar ahí, en un tour organizado, con el súper adorable guía Fabián, en un parque nacional montado como un parque temático más, la realidad superó cualquier expectativa que pudiera tener. A cada pasarela que recorría, más me sorprendía y más me iba enamorando de esta nueva maravilla del mundo. Decir que el lado argentino merece la pena mucho más (claro que no sé bien si visitar el brasileño con el día nublado influye o no) y que probar las cataratas desde dentro, aunque sea más invierno que verano, hacen que la experiencia gane puntos. Como ya he repetido unas cuantas veces, guardo las cataratas de Iguazú en mi memoria como uno de los mejores sitios que he visto y que probablemente veré en mi vida (aunque reconozco que espero equivocarme =]).

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IMG_20140418_172902987Aunque Iguazú ya me había dado más de lo que podía imaginar, una visita fugaz al Hito de las Tres Fronteras, soleado apenas 18 horas después de una lluvia torrencial, fue el broche final perfecto. Ver Paraguay, Brasil y Argentina al mismo tiempo, y darme cuenta de que el río que en ese momento estaba viendo, el Paraná, en el que desemboca el Iguazú, era el río que vería días más tarde, miles de kilómetros al sur, ya convertido en Río de la Plata, quieras que no, impresiona. ¿Mi balance de cataratas de Iguazú? Sin ninguna duda, 10/10.

IMG_0787Con este listón tan alto volví a Buenos Aires, con ganas de pasearlo y dejarme sorprender. Y la verdad que no defraudó. La primera parada fue Tigre, la llamada Venecia argentina, una ciudad de canales a apenas una hora de la capital que cambió totalmente mi idea de casa de campo. Eso sí, si querías tener casa allí,  era muy fácil ver que sólo tenías dos opciones: o eras rico o hippie.

Ya de nuevo en Buenos Aires, un paseo con cena en terraza molonga hicieron de Plaza Serrano uno de los lugares a envidiar a mi vuelta a Lima. Y aunque no probé la noche argentina, que no dudo que me hubiera gustado igualmente, madrugar a la mañana siguiente para visitar San Telmo hizo que no lo lamentara. Recordándome a veceSan Telmos a Londres, a veces a Madrid (pero con más encanto), desde el primer momento lo fiché como otro de mis lugares para recordar, aunque mi foto con Mafalda quedara pendiente (snif). La visita de reconocimiento a la Casa Rosada, La Boca y Puerto Madero terminaron con otro día más en Argentina. Eso sí, en apenas 4 horas, ver 4 espectáculos callejeros de música sin motivo alguno, le dan ese toque especial a la ciudad que hace que la recuerde con una sonrisa en la cara.

Y, a pesar de que terminé el viaje con cierto percance con las bicicletas urbanas, no sin antes poder ver Corrientes, el Obelisco en 9 de Julio y El Ateneo, puedo decir que Buenos Aires son 100 ciudades diferentes en una sola, aunque al principio no lo reconociera. A veces Madrid, a veces EE.UU., a veces Europa, a veces Sudamérica…en definitiva, auténtica, divertida, principalmente europea, viva.

Buenos Aires Querido, tan sólo una semana ha bastado para declararme fan incondicional tuya, espero que nos volvamos a ver en esta vida… y mejor pronto que tarde!

Avenida Corrientes

Avenida Corrientes

Let’s go to the beach!

Parece mentira que ya haga más de un mes que empezó mi aventura peruana. Y más mentira aún es que no haya constancia escrita de todo lo vivido en estos treinta días. A veces, cuando todo es diferente, es difícil centrarse y escribir sobre una única cosa. Pero justo cuando se cumplía ese aniversario, pisé la costa peruana por primera vez, así que qué mejor ocasión para dedicar un post!

Tras varias invitaciones rechazadas, por fin nos decidimos a salir de Lima. Poco sabía de dónde íbamos y qué me iba a encontrar, apenas sabía que estaba a 100 kilómetros y que era una zona exclusiva. Pero el plan playero cada vez era más irrechazable y si la semana anterior me había animado con la montaña (la experiencia en el Cañón del Autisha bien merecería alguna que otra línea), qué menos que un fin de semana de relax en la playa.

¿De verdad esta es la mejor manera de anunciar LADRILLOS?!?

¿De verdad esta es la mejor manera de anunciar LADRILLOS?!?

Salir de la ciudad por la noche evita ver lo de fuera de la burbuja pero merece la pena ir rumbo Panamericana Sur y comprobar la creatividad peruana. Aunque algunos anuncios harían temblar a cualquier publicista argentino, otros no dejaban de apelar a lo más básico. Una vez más me encontraba con el ejemplo perfecto del papel de la mujer en la sociedad, ya no peruana, sino latinoamericana en general. Igual que me sorprendía cuando en plena búsqueda de departamento me encontraba con caseros que me explicaban en exclusiva con todo lujo de detalles lo bien equipada que estaba la cocina, no podía creer lo que veía según pasaban los kilómetros. Y sí, sabía perfectamente a dónde venía, pero es de esas cosas que hay que ver para creer.

Postureando en Café del Mar

Postureando en Café del Mar

La llegada fue apresurada, prácticamente dejar las cosas (y alucinar con el sitio), cambiarse y salir a disfrutar la noche. Y una vez más, ver para creer, por todo. Un bulevar en medio de la nada, 100 % artificial, donde se junta lo mejor de la sociedad limeña. Sin haber estado, es como me imagino Ibiza o Marbella, para lo bueno y para lo malo. Esa noche el destino fue Café del Mar: molón, con música inesperada (rock en una megadiscoteca?!) y con los outfit esperados (poca tela, mucha carne y nula sensación de estar en Perú).

Amanecer aquí, sin palabras

Amanecer aquí, sin palabras

La segunda noche se planteaba en Joia, discoteca del mismo corte que la del viernes aunque con gente más joven. El resumen podría ser el mismo que el del día anterior sumándole que no pensé que se pudiera bailar tanto tiempo seguido reggaeton (dale!). Amanecer el domingo fue duro, pero más dura fue la vuelta a Lima y a la ‘rutina’ de la semana.

A pesar de haber pasado casi una semana y dudar de haber recuperado las fuerzas, mi primera experiencia en playas peruanas tiene valoración positiva. Tanto que he decidido que este fin de semana que recién empieza vuelvo a la costa, aunque esta vez  con un plan completamente diferente, digamos que más ambientólogo: Paracas me espera!

La Catedral - Reserva Natural de Paracas

La Catedral – Reserva Natural de Paracas

Toma de contacto

Hace ya una semana larga que llegué a tierras peruanas y desde entonces, llevo acumulando anécdotas, sorpresas e historias para contar. Hoy, a falta de un día para mudarme al piso departamento definitivo, hago recuento de esta semana y no sé por dónde empezar.

Montar en combi, deporte de riesgo limeño

Montar en combi, deporte de riesgo limeño

Un buen comienzo sería contar cómo todas las ideas preconcebidas que tenía de un viaje así (primer vuelo largo, primer jet lag, primera vez por mi cuenta) han resultado no cumplirse. Digamos que esperaba sensaciones y reacciones completamente diferentes a las experimentadas finalmente, y con diferentes no quiero decir peores precisamente. Aunque hubo descubrimientos afortunados (esa temida agobiante humedad resultó ser mejor incluso que la sufrida cualquier verano en la zona levantina), también los hubo inesperados. Mi definición de Lima en las primeras horas se resumía en dos palabras: contraste y caos. La primera imagen de Lima, que no se me olvidará jamás, será el tráfico: coches, autobuses, combis, taxis (legales e ilegales), bicicletas…aunque en la radio sonara Foo Fighters (Perú 1 – España 0), no podía dejar de pensar que no sobreviviría en Lima ni 20 minutos.

Cuy: ¿estará tan rico como majo parece?

Cuy: ¿estará tan rico como majo parece?

Resultó que no sólo sobreviví a esos veinte minutos (que sean cuarenta por el tráfico) del aeropuerto al apartamento, sino que aquí llevo, diez días y sin parar de sorprenderme y descubrir esta ciudad. Un pequeño paseo por el centro limeño, recorrer Miraflores en búsqueda (casi desesperada) de alojamiento definitivo, el comienzo en el primer trabajo de verdad o pequeños detalles como aprender que aquí no hay aguacate sino palta o que hasta en las farmacias puedes recargar el celular, son detalles de los primeros momentos aquí que espero no olvidar. Por no hablar de la gastronomía.  Yo, que siempre he sido, digamos especial para la comida, vine con el firme propósito de probar todo lo posible, aunque de momento el cuy se me resiste. No puedo decir lo mismo en lo que a beber tomar se refiere: desde los típicos pisco Sour y chilcanos, pasando por la extendidísima Inca Kola, a las cervezas patrias, Cusqueña y Pilsen. Todo, tragos y comida, aprueban con nota, y bien alta.

Y eso que con lo locura lógica que supone irte a casi 10.000 kilómetros de casa, el disfrutar al 100 % de la vida limeña es imposible. No he perdido el tiempo pero tengo ganas de esa estabilidad permanente que te hace pensar en pasar horas en el supermercado descubriendo cosas que en España no encuentras, en el primer enfrentamiento de tu vida con la secadora (preveo incluso un post para ello) o en los mil millones de viajes que esperas hacer en este 2014.

Lima, here I am!

Plaza de Armas

Plaza de Armas